El día que Theodore Roosevelt dio un discurso con una bala en el pecho

Foto Wikimedia Commons

Todo ocurrió así: El 14 de octubre de 1912, Theodore Roosevelt, se encontraba en Milwaukee…tres años después de haber dejado la presidencia. El Partido Progresista lo presentaba nuevamente como candidato a las elecciones presidenciales que debían celebrarse en 1913.

Foto Wikimedia Commons

A su llegada a Milwaukee tras reunirse con sus colaboradores se dirigieron al Hotel Gilpatrick, luego, a la salida una multitud lo esperaba y clamaba.

Allí entre la multitud de personas se encontraba John Schrank, un tabernero, anarquista de baja estatura que le disparó a quemarropa con un revólver calibre 32.

La bala se alojó en el pecho de Roosevelt sólo después de golpear tanto a su caja de gafas de acero y una copia de 50 páginas de su discurso que llevaba en la chaqueta.

Roosevelt, un cazador experimentado y anatomista, concluyó correctamente que ya que no estaba tosiendo sangre la bala no había penetrado completamente la pared de su pecho en su pulmón – por lo que se negó rotundamente a ir al hospital de inmediato. En cambio, se dirigió al auditorio con la camisa que ya estaba manchada  de la sangre que emanaba de la herida y mientras sostenía las hojas del manuscrito en la mano los presentes podían observar un agujero en el centro. En esas condiciones pronunció un largo discurso de algo más de una hora de duración, por momento no conseguía más que un susurro.

Sus declaraciones de apertura ante la multitud reunida fueron: “Señoras y señores, yo no sé si ustedes saben que he sido herido, pero se necesita más que eso para matar a un alce”.

Tras su discurso, Theodore Roosevelt se desplomó y fue trasladado al hospital. Allí determinaron que era de sumo peligro extraerle la bala del pecho y ahí la conservó hasta su muerte en 1919. //

2 pensamientos en “El día que Theodore Roosevelt dio un discurso con una bala en el pecho

  1. La voluntad de un ser humano puede hacer eso y más, casi nadie sabe del poder que tiene un ser humano en su cuerpo cuando lo controla, una decisión, un deseo, una voluntad espiritual esa que llevamos y que casi nadie sabe que la lleva dentro.

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