El mundo de las hormigas

A primera vista, las fotografías que forman parte de la serie Ant Tales pueden parecer fotomontajes construidos a través de Photoshop, con retratos de insectos muertos.

Sin embargo, las hormigas que verás a continuación son reales, están vivas y no fueron editadas ni manipuladas con ningún programa especial.

El fotógrafo ruso Andrey Pavlov dedica cientos de horas tratando de fotografiar colonias de hormigas en momentos muy específicos; después de observarlas desde una perspectiva muy científica y analizar sus recorridos diarios, notó que estos diminutos insectos establecen dinámicas extremadamente organizadas durante su jornada laboral.

Pavlov se sintió fascinado por este proceso animal y decidió mudarse cada verano a una cabaña en el campo para retratar a las hormigas rojas en entornos forestales.

Pero lo atractivo de su trabajo es que construye escenarios fantásticos para contar historias que imaginan lo que harían las hormigas en su tiempo libre. Ant Tales nos muestra cómo juegan al fútbol  o cómo cosen un abrigo.

Antes de ser fotógrafo, Andrey Pavlov se dedicaba al teatro, por lo que construir puestas en escena no representa un desafío para él.

A este tipo de fotografía se le conoce como macrofotografía o fotomacrografía, un tipo muy común para la investigación biológica.

La técnica permite capturar a detalle objetivos de igual o menor tamaño que la película; a través de un lente de aproximación es posible lograr una ampliación 1:1, lo que significa que se pueden conseguir imágenes de objetos muy pequeños en su tamaño original, sin reducción alguna.

Fahrenheit

HORMIGA

A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,

tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,

en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.

Ramón López Velarde

4 pensamientos en “El mundo de las hormigas

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