El privilegio de ver nacer un volcán

Ver nacer un volcán es un fenómeno raramente presenciado por seres humanos. Uno muy reciente ocurrió en México, pues esto le ocurrió a Dionisio Pulido el 20 de febrero de 1943, cuando en un trigal de una ladera a 321km. de la ciudad de México, se encontraba trabajando la tierra en las cercanías del pueblo Paricutín, cuando de pronto ésta comenzó a temblar, se abrió y empezó a salir un vapor muy espeso, a sonar un ruido muy fuerte y a volar piedras por los aires. Muy asustado, el señor Pulido avisó a la gente del pueblo que de la tierra salían piedras y humo. En 8 meses esa tierra entonces plana alcanzó una altura de casi 500 metros en forma de cono.

La duración de la actividad de este volcán duró 9 años, 11 días y 10 horas; la lava recorrió unos 10 km. No hubo víctimas humanas, dado que hubo suficiente tiempo para evacuar a todo el mundo. El volcán sólo sepultó dos poblados: Paricutín y San Juan Viejo Parangaricutiro (Parhikutini y Parangarikutirhu en purépecha). El primero quedó totalmente borrado del mapa: muy cerca de él se encuentra ahora el cráter del volcán. Del segundo pueblo sólo es visible parte de la iglesia, sepultada por la lava, al igual que el resto del pueblo.

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