La tormenta del caos

¿Para que nos sirve el 911?

Grafica del libro "La tormenta del caos" de Warhammer

Realmente, el titulo debería rezar: ¿Para que nos sirven nuestras instituciones públicas?

La noche del sábado pasado y la madrugada del domingo, fueron un total infierno para mí y toda mi familia. Ahora les cuento: A una promoción escolar de un colegio que muy bien conozco, porque gran parte de la primaria y el bachillerato lo cursaron mis hijos allí, por lo tanto, se lo laborioso y estricto que es su director  en el colegio que dirige juto a su  familia. Ahora bien, el centro escolar está en el barrio “Libertador de Herrera”, pero a un buen “samaritano” del sector nuestro, de aquellos que se apropian de las cosas que les pertenecen al colectivo no a un individuo en particular; se le pegó las ganas de rentarles, prestar o regalar la cancha de básquetbol del residenciar herrera de manera inconsulta, para que dicha promoción del “Libertador” celebrara una fiesta de promoción.

A eso de las seis de la tarde del sábado 14 comenzaron a llegar los colegiados  al son de las múltiples y enormes bocinas que ya habían instalados previamente en la cancha, y un sujeto, anunciaba  a todo  galillo (garganta), que eso era “pa` gozá” hasta que el cuerpo aguantara; “Crónicas de un fiestón anunciado”. Mientras estaban dentro de la cancha, que me importaba  a mí que se quemaran la garganta bebiendo, y que se les ardieran los pies bailando. El problema es que a eso de las 8 de la noche, todo empezó a salirse de control, llegaban caravanas de vehículos de todos tipos; llenando las periferias del campo deportivo y todos sus alrededores, tomando los parqueos de los apartamentos, abriendo los baúles  con tremendo musicónes  a todo dar y  poniéndonos a gozar a todos, así quisiéramos o no.

Para colmo de males, no hay energía eléctrica (cosa rara), ese día tenía a dos de mis tres proles con altas fiebres, dolores de cabeza y uno de ellos hasta con dolores estomacales. Estaban medicados, en reposo y lo menos que deseaban era fiestear…Cerca de las diez de la noche, cortésmente mi esposa se dirige a rogarle a uno de los grupos que se encontraban, casi en el frente de la casa con un reggaetón encendío, que salía de la parte trasera de una yeepeta Daihatsu…a pedirle… a rogarle, que por favor tuvieran, la bondad… la amabilidad y la gentileza de alejar, y voltearle la nalga a su vehículo hacia otro lado, ya que pedirle que bajaran la bulla música era demasiado; pero bueno…cedieron, no sin antes advertirle que dentro de ellos habían militares. Con más razón-replicó- la negra.

Para las doce y par de minutos, alcanzo a escuchar desde mi habitación  a mi consorte, desgañitarse a todo pulmón fuera de la casa, y no eras para menos, pues aparte de la Jeepeta; ya teníamos en el mismísimo frente, tapando nuestra marquesina por completo un flamante Mercedes Benz blanco con el culo abierto de donde emanaban un estallido insoportable  . No diré que es incierto que estuviera al perder el tino,  griteríos, algarabias de gente por todos lados, motocicletas estruendosas, botellas por doquier, en fin, era un caos total.

A sabienda, que  la policía dominicana es más que deficiente…a la una de la madrugada me decido por llamar al 911, debo reconocer;  que el servicio 911, no falló…recibió mi llamada una amable joven, que con la paciencia de Jonás, escuchó mi extensa queja, luego me dijo, señor por favor quédese en el teléfono que en seguida le comunico con la policía para que lo ayuden… después de  unos minutos…vuelve la joven y me dice: señor ya está usted con la policía… cuéntele a ellos, lo mismo que me contó a mí . Gracias mi amor que acabe de pasar una feliz madrugada.

Vamos a ver caballero, ¿Cuál es el problema? –sale una voz prepotente, mal educada y muy poco amable al otro lado del auricular que en ningún momento paraba de hablar  y de preguntarme ¿Cuál es el problema caballero? Después de librar una lucha titánica por  tratar de explicarle a él todo lo que le he contado a usted amigo lector, se despacha  preguntándome a mí: que, que, yo, pretendía que ellos hicieran.

Ya medio incomodo por la forma en que se estaba dirigiendo a mi persona, le dije que cesara de hablarme como si yo fuera uno de esos policías que  tenía a su mando, que era felizmente civil y contribuía enormente al pago de su salario a través del pago de mis impuestos y que no era yo culpable de que el no tuviera la capacidad de no entender lo que le estaba explicando. La joven que anteriormente había recibido mi llamada, había permanecido en línea y al ver que la queja estaba tomando otro matiz, intervino atinadamente y le dijo: Cabrera, déjame explicarte; lo que él te ha tratado decir es que…bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, además, bla, bla…el policía hizo cómo que entendió. Entonces dice…enseguida le mando una patrulla…Y…todavía la estoy esperando.

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2 pensamientos en “La tormenta del caos

  1. Esto es increible Pedro, sabes algo el miedo eterno de toda mi vida ha sido meterme en un lio que tenga que intervenir la policia o cualquier otro mando militar, ese sería mi fin.

    Este tipo de situaciones me generan todo el malestar del mundo, la verdad es que no tenemos auxilio ni apoyo de nadie, y yo lo entendí hace años en este país estamos SOLOS!

  2. Vaya ineptos que se ven Pedro Guillermo, estáis arreglado. Ya imagino que lo pasaríais fatal y menuda impotencia.
    Espero que no acabarais muy mal y que se encuentren mejor tus hijos de la enfermedad.

    Un abrazo.

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