La desgracia

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Esta historia sucedió en los principios de la década del setenta en la barriada de” Villa Juana”, específicamente en el vecindario callejón de “Galindo” en Santo Domingo.

Ernesto, hombre de trabajo, casado con tres hijos. Había llegado como de costumbre; a eso de las siete de la noche a su casa. Luego de un buen baño, cenar, se relajaba un poco con sus hijos y, como casi siempre, a las diez de la noche se iba a la cama.

Aquel martes de noviembre, bastante avanzada la noche, se escucharon fuertes toques en la puerta de madera de su casa. Dos amigos medios borrachos les invitaban a levantarse. Estaban en un lugar cercano tomándose unos tragos y pensaron buscarlo. Desde adentro se escuchó la voz de Ernesto decir: que no acostumbraba levantarse para salir después de acostado y, que además, al otro día tenía mucho trabajo.

Tanto insistieron que terminaron por convencerlo. Se vistió con un pantalón negro y una camisa blanca y decidió acompañar por un rato a sus amigos.

Aun, hoy en día no se sabe que ocasionó un intenso tiroteo, resultando muerto en el mismo bar donde se encontraban, uno de los amigos que momento antes se había parado de la mesa y, supuestamente dirigido  hacia  los orinales. Mientras el otro amigo vociferaba: “Ernesto, corre lo más rápido que puedas, que nos van a matar”.

A una cuadra de la entrada al callejón de su casa, Ernesto fue alcanzado en la pierna derecha por una de las balas que disparaban sus perseguidores, cayendo de bruces al pavimento. No fueron suficientes los ensordecidos gritos, ni sus suplicas para que no lo mataran, “tengo tres hijos pequeños” lo oyeron decir desde adentro de sus aposentos personas de casas aledañas que habían despertados despavoridos por los disparos. Nada valió, por igual le dieron un balazo en el pecho otro en la frente dejándolo tendido en un extenso charco de sangre.

El otro hombre fue alcanzado como a tres cuadras más adelante y muerto de forma más o menos  similar. Nunca se supo porque tanta saña en esas muertes. No hubo mucha investigación. Al poco tiempo el negocio se encontraba operando libremente y el rumor era que los matadores andaban sueltos.

Unos meses más tarde, mi hermano pequeño que acostumbraba a levantarse todos los días a la cinco de la mañana y salir al patio. Una fría madrugada, despertaba a todos en la casa con un grito tipo chillido muy intenso…

Casi petrificado y con una rara mueca en su rostro se encontraba parado en la puerta de salida. Cuando mi madre lo interrogó. ¿Que te pasa muchacho? Le dijo que antes de salir, al mirar por las rendijas de la puerta  había visto a Ernesto descalzo en pantalón  negro rasgado y su camisa blanca ensangrentada, parado frente a la que antes había sido su morada

Nuestra casa quedaba justamente en el frente a la del difunto.

Les diré que a partir de ese momento mi hermano jamás volvió a madrugar.

Hoy se celebra en todo el territorio Dominicano el día de los fieles difuntos
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Un pensamiento en “La desgracia

  1. Vaya, menudo despertar que tuvo tu pobre hermano. Por cierto bien triste que es la historia de Ernesto y aún peor que se quedara sin resolver.
    Un abrazo.

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