Preludio de una conquista

Cuenta el periodista Gordon Gaskill, que encontrándose en cierta ocasión en un salón de té en Noruega, frente a su mesa se hallaba una dama, muy hermosa y sola tomando su infusión. No hallando pretexto alguno para abordarla, se le ocurrió una idea, la cual, puso en práctica acto seguido.

La fue observando, de manera que, sincronizó su tiempo al de la bella joven, para estar dispuesto a salir del salón al mismo tiempo que ella.

Tal como lo había planeado, se encontraron frente a frente en la puerta del establecimiento y entonces, Gordon, muy serio, con su acento en el cual se denotaba que era un turista le preguntó:

— Perdóneme, señorita, ¿podría usted hacerme un favor?

— Como no, señor, — le contestó la dama.

— Yo necesito que usted me dé un consejo. Durante todo el rato en el cual he tomado el té, he estado buscando algún medio que me permitiera inicial una conversación con usted. ¿No podría darme usted una idea?

La estupefacción que se reflejo en el rostro de la joven dama dio paso, acto seguido, a una sonrisa graciosa, preludio de una agradable conquista.

E. Degas: La bebedora de ajenjo, 1876.

E. Degas: La bebedora de ajenjo, 1876.

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