Anécdota de José Raúl Capablanca

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En la Habana (Cuba), por el año 1893, dos caballeros juegan al ajedrez. Un niño de cinco años, poco más o menos, contempla la partida. En sus ojos arde una chispa de curiosidad inteligente. Acabada la partida, dice el niño:

—Ganaste, papá; pero hiciste una mala jugada con el caballo.

— ¿Qué entiendes tú de esto, chiquillo? ¿Acaso sabes jugar?

— ¡Claro que si! —respondió el pequeño con firmeza.

— A ver si es cierto, juguemos.

Juegan padre e hijo, y éste, testigo de las partidas que a diario juega su padre con los amigos, derrota al autor de sus días con pasmosa facilidad. El padre no cabe en si de orgullo. Lo llevó al Círculo de ajedrecistas. Por no herir la vanidad del padre, algunos veteranos consintieron en sentarse frente al pequeño, y tan sólo contados jugadores de consumada maestría pudieron derrotar al infantil adversario. La administración de todos lo rodea… Así es cómo se reveló al mundo José Raúl Capablanca, uno de los maestros más grandes que ha producido el ajedrez.

Crédito fotografía  Secretos de Cuba / Crédito/Diccionario de Anécdotas/Editorial América, S.A.
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