El ratón y la ratonera

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Un ratón, mirando por un agujero de la pared, vió al  hombre y su mujer abriendo un paquete. ¿Qué tipo de comida podrá haber ahí?, se preguntó el ratón. Pero quedó aterrorizado cuando descubrió que era una ratonera.

Corrió al patio a advertir a todos: “¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera!” La gallina, que estaba buscando sus lombrices en la tierra, cacareó: “¡Discúlpeme, señor ratón, entiendo que sea un problema para usted, pero a mi no me perjudica en nada, ni me molesta!”

Lo mismo le dijeron el cordero y la vaca. A ellos no les preocupaba para nada la presencia de una ratonera

Entonces el ratón se volvió a la casa, cabizbajo y abatido, para encarar solo su problema. Aquella misma noche se escuchó un ruido, como el de una ratonera agarrando a su victima. La mujer de la casa corrió a ver la presa, pero en la oscuridad no vió que lo que la trampa había agarrado había sido la cola de una víbora venenosa, y la víbora la mordió.

La mujer contrajo una fiebre muy alta, y uno de los vecinos opinó: “Nada mejor que un buen caldo de gallina”, y acto seguido tomo el cuchillo y salió en busca de su principal ingrediente: la gallina.

Algunos vecinos y parientes vinieron a ver a la enferma y entonces hubo que matar al cordero, para hacer comida para los presentes. Pero la mujer finalmente falleció y el pobre viudo, agradecido por la solidaridad de los muchos que asistieron al sepelio, resolvió matar a la vaca para dar de comer a todos.

(La próxima vez que oigan decir que alguien está delante de un problema, recuerden que hay una ratonera en la casa…¡toda la granja corre peligro!)

Nota: ¿se dieron cuenta quién se salvó?

(Una contribución de J. Gabriel Gomez T. para  Los buenos días de Rafael Molina Morillo)

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4 pensamientos en “El ratón y la ratonera

  1. Bienvenido de nuevo a casa!! Bonita la historia con la que regresaste. Desgraciadamente hay mucha gente como la gallina, la vaca y el cordero en este mundo y así nos va.
    Un abrazo

  2. Es curioso ver como el que corría peligro se salvó.

    Me ha gustado mucho la anécdota, Pedro Guillermo.

    Un abrazo.

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